domingo, 16 de mayo de 2010

Y el silencio me turbó, por un segundo me encontré solo, vacío, olvidado como un viejo lápiz roto el la esquina de un cajón, ocupando su lugar, aunque nadie se acuerde de el. Los quebrados chasquidos de las manecillas del reloj, tintineaban incesantes sobre mi cabeza recordándome el paso ininterrumpido del tiempo, ese esquivo amigo que a veces es corto cual chasquido y otra torna interminable como un eterno castigo. Mis parpados, pesados y obesos por el sueño se desplomaban violentamente sobre mi cara dejando tan solo un pequeño atisbo de luz, suficiente para seguir mirando la pantalla.
Entonces un agudo sonido sacudió mi mente, como una campana.
Alcé la vista hacia el frente en una batalla contra el dictamen de Morfeo y conseguí, con mucho esfuerzo, entreabrir los ojos. Ahí estaba, era la solución a mis pesadillas, un guerrero contra mi soledad, un mundo en el infinito, una puerta de escape del infierno del retiro eterno, y todo ello reducido a cuatro pétalos que acariciaban mi cara rozando suavemente mis mejillas y haciéndome sonreír de felicidad. Cuatro soplidos de viento en forma de palabra: HOLA



Sombra J.A.M.2010

Compartir

No hay comentarios:

Publicar un comentario